13.5.07

EL CINE Y SU ESPECTADOR


A lo largo del primer trimestre vimos la importancia que tiene el espectador para la formación del espectáculo cinematográfico. Ya sabeis que la alta sociedad parisina rechazó el cinematógrafo por dos razones fundamentalmente: en primer lugar por el riesgo para su integridad física y, en segundo lugar, porque el espectáculo no satisfacía las exigencias de tan elevada audiencia, acostumbrada al teatro naturalista.

En cuanto a los riesgos del cinematógrafo, citaremos que el 4 de Mayo de 1897 se incendió el Bazar de la Caridad, en París, durante una proyección de cine de los hermanos Lumiére. Murieron cien personas. El incendio se produjo a causa de la inflamabilidad de las primeras emulsiones cinematográficas. De este modo, el cinematógrafo se exhibió a partir de este momento, casi exclusivamente, en las ferias de ganado de los pueblos, pasando a ser una "atracción de feria" propia de las gentes de extracción social más humilde. La alta burguesía consideraba a las clases populares más preparadas para aceptar los riesgos del cinematógrafo, ya que en el desarrollo diario de su actividad laboral asumían riesgos análogos. En el film Cinema Paradiso realizada por Giuseppe Tornatore en 1989, aunque está ambientada en la Sicilia de los años 50, podemos ver los peligros que todavía entoces tenía la emulsión cinematográfica. Recordemos la secuencia:


La segunda de las razones por las que las clases acomodadas rechazan el cinematógrafo es porque éstas están familiarizadas con un tipo de espectáculo propio del teatro naturalista. Las largas historias de amor articuladas mediante la fórmula clásica de planteamiento-nudo-desenlace, permite al espectador burgués perderse en la ficción escénica. Por contra, debido a limitaciones técnicas que hacen que el cinematógrafo no pueda filmar apenas unos minutos hacen que la amalgama de filmaciones cortas se asemeje más a las formas del teatro de las clases populares: vodevil o teatro de variedades en las que hunden sus raíces el cabaret y el music hall. En tales formas teatrales los números forman una amalgama de cápsulas espectaculares que no guardan relación temática entre sí. Al espectáculo musical le sigue un gag cómico, tras el cual viene el número de ilusionismo, etc.

Recordad que vimos el film de Bob Fosse, Cabaret, realizado en 1972. En la película, ambientada en el Berlín pre-nazi de inicios de los años 30, veíamos como en el espectáculo se conjugaban diferentes números, entre los que destacaban las intervenciones musicales, ya míticas, de Liza Minnelli. Veamos un fragmento:


Una vez que hemos refrescado nuestros conocimientos sobre el teatro de variedades, veamos un grupo de pequeños films realizados por la compañía Edison en los albores del siglo XX:



Los rollos que se proyectaban en las barracas de feria eran algo parecido, aglutinaban una serie de películas sin ninguna conexión temática entre ellas. ¿A qué se parece esta estructura? ¿A la del teatro naturalista de historias de largo recorrido?¿O al conjunto de números, inconexos entre sí, propios del teatro de vairedades? Sin lugar a dudas la estructura se asemeja muchísimo a la del teatro de variedades.

También cabría señalar que el refinamiento y sofisticación de la alta sociedad parisina, dista mucho del ambiente de las barracas de feria donde se contemplaba el cinematógrafo a la vez que se fumaba, bebía, ligaba, gritaba, cantaba, etc. Las películas eran comentadas por una especie de charlatán que señalaba partes de la acción con un bastón, mientras podía llevar cogido de la mano un mono disfrazado de general. En el siguiente film de animación pionero del francés Emile Cohle podemos apreciar parte del ambiente festivo y popular de las proyecciones de feria del cinematógrafo, en las que normalmente se realizan críticas a las clases burguesas (fijaos en la burla a la mujer elegante del sombrero de plumas):